lunes, 19 de junio de 2017

En primera persona

La   maniobra de adelantamiento indebida de un conductor nos pudo costar la vida. Han pasado  treinta días y la gratitud por la doble suerte no cesa. Con la serenidad de todo el amor recibido en este tiempo la pregunta es: ¿por qué tantos accidentes inexplicables?

El mediodía  desplegaba su espléndida primavera. El recorrido transitaba por un paisaje para enmarcar. El silencio en la gran recta solamente estaba roto por el natural ruido del campo en esta estación. La conversación más que grata. Súbitamente  una acción inexplicable, cambiaba el trayecto marcado para el fin de semana. 
En décimas de segundo un latigazo de dolor sin límite recorría la espalda. La fuerza de un vehículo a mayor velocidad impactaba. La gravedad  ejercía su poder. Incredulidad, preguntas y llamada de auxilio.


Durante unos minutos, la voz del conductor  que provocaba el accidente, repetía sin cesar un solo argumento: no saber qué le había ocurrido. Eso sí, los tozudos hechos, sucedían  con pasmosa claridad. En la vía una moto, detrás de ella un camión y nadie más a quien adelantar por carril alguno: un claro caso de un vehículo grande que arrolla al pequeño en una carretera vacía.


A partir de ese instante el protocolo se activaba: rápida  presencia de la Guardia Civil y UVI Móvil. Primeras curas, inmenso cariño en las manos de médicos, enfermeras y auxiliares en los primeros minutos y cada día desde entonces. El viaje cambiaba de destino. Escrito en el atestado:"maniobra indebida de adelantamiento del conductor del camión".

Con la objetividad de las  semanas transcurridas desde este día, la pregunta va más allá de lo particular: ¿por qué en una recta de gran visibilidad un conductor embiste a un vehículo de dos ruedas? 
La respuesta a esa pregunta todavía no tiene contestación pero si consecuencias: fractura de L1, heridas y quemaduras.

Este personal subrayado vital podrá ser cercano para algunos. A otros, afortunadamente, les parecerá uno más de los muchos accidentes que cada día escuchamos en los titulares de los informativos. El exceso de velocidad, adelantamientos indebidos, despistes, excesivo conocimiento de la carretera, el móvil,...son algunas de las causas que los provocan.

Muchos relatos en primera persona nos servirán  para recordar que, cuando conducimos un vehículo, somos responsables de otras vidas. En nuestras manos están los sueños, las ilusiones y los proyectos vitales de quienes caminan por la misma carretera que nosotros.
En una sociedad donde ponderamos  la tecnología y nos entregamos a ella sin límites, no debemos perder el respeto por las acciones cotidianas. Poner todos nuestros sentidos en lo que de verdad importa nos aportará seguridad y con ella felicidad. Vivamos el aquí y ahora  también al emprender ruta al volante. No nos abandonemos a máquinas "casi perfectas" que mantienen velocidad constante, rebosan sistemas de seguridad pero necesitan de un corazón y una mente humana centrada para ser conducidas. 
Nuestra vida y la de otros no pueden pender de una inexplicable "maniobra indebida".
Afortunadamente en este caso, las gracias siempre. El tiempo de reposo, el calor de las personas que importan y una gran sonrisa sanaran las heridas... en otros muchos no es así. 
Hoy el abrazo intenso para quienes retoman la vida con serena sonrisa.

Publicado en la revista www.otromundoesposible.net
http://www.otromundoesposible.net/en-primera-persona/