domingo, 15 de mayo de 2016

Cabo de Peñas

Cuando era pequeña soñaba con recorrer cabos y golfos. Los señalaba con primor en el grandioso mapa de cartón plastificado. Le gustaba imaginar su paseo entre las rocas para observar el atardecer en ellos.
Cada martes y jueves miraba fijamente al profesor. En sus ojos la ambición por coger el puntero. Escuchar su nombre, acercarse al estrado y viajar de este a oeste era su objetivo.
Había nacido tierra dentro. No había pisado la arena de la playa hasta los ocho años. Le gustaban las películas donde barcos, mensajes en botellas y faros estaban presentes. El mar era su gran sueño.
Le apasionaban los libros de geografía. Deseaba hallar trazos y trayectos para alcanzar la brisa. Ansiaba acariciar la espuma del mar.
Fue siempre la primera de clase en geografía. Se licenció en magisterio. Aprobó la oposición y recorrió colegios rurales del Sistema Ibérico.
Cada verano viajaba a puntos de la Costa diferentes. Cruzó el Mediterráneo en varias ocasiones en grandes buques. Pero no conseguía sentir en la punta de sus dedos la caricia de las pequeñas pompas de espuma.
Una primavera, abrazada por el sol del mediodía, dejo sobre el cómodo sillón los libros de viajes. Sintió un pinchazo en su estómago. Había hallado el porque de su fallido encuentro amoroso con las olas.
Se apresuró a marcar un número de teléfono. Lo recordaba a pesar de no teclearlo desde hacía años. La respuesta fue inmediata. Tan solo en tres frases volcó su deseo.
Dos meses más tarde cerró su diminuta bolsa de enseres para el viaje. Tan solo lo imprescindible. Se calzó unas ligeras zapatillas.
En la puerta le esperaba el Caballero de los ojos de agua marina. Subió al Rocinante con bujía. La brisa, la arena mojada, el chasquido de las moléculas al penetrar en los inhóspitos poros de las rocas la llamaban.
Se embarcaba en un viaje sin tiempo. El único objetivo era recorrer despacio los trazos que un día señaló con el puntero en el ajado mapa.
Se abrazo a la persona que siempre amo. Le susurró al oído un te quiero. El viaje comenzó.
El camino no tenía paradas señaladas. El sol marcaría el descanso. Lo que sí sabían era que el Cabo de Peñas señalaría el meridiano entre ellos y Finisterre.
En su primera etapa cerró los ojos. Caminó de la mano de su deseado compañero de viaje. Los dedos de sus pies al hundirse levemente en la fina arena provocaron en su cuerpo un placer desconocido.
En las rocas de Machichaco se besaron intensamente. La vida sin tiempo les esperaba en cada puesta de sol.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Inefable emoción

¿Se han planteado esta misma mañana al despertar qué es lo que realmente importa de la vida? Profunda cuestión para iniciar la jornada. Seguramente en el momento de abrir los ojos, comprobar el reloj y ordenar mentalmente su agenda, esta cuestión honda no haya podido hacerse protagonista.
Pero tal vez, si una contractura o alergia cualquiera, le ha llevado al tiempo de una sala de espera médica, Su mente le haya recordado que es lo que ansía de la vida.
Algunos esperan fusiones vencedoras entre iguales políticos, otros que hoy la puerta de su negocio se abra con fuerza numerosas veces, otros que la reuniones vanas finalicen….
Pero ¿realmente qué esperamos? ¿Serán emociones y sentimientos universales lo que deseemos poseer en gran cuantía?
Estos días pondremos la X en una casilla o en dos, reflexionaremos sobre la esperanza de que las elecciones nos deparen por fin estabilidad; seguramente no dejaremos de sorprendernos por la cantidad de personajes que, con una excusa, se han llevado dinero ajeno..
Seguramente una buena mañana antes de la ducha un escritor, Andrés Pérez Domínguez, visión un panorama similar. Con el creo su última novela "Los dioses cansados". Sevilla, corrupción... ¿Sevilla, Valladolid, Zaragoza? ¿Podría ser cualquier ciudad?.
Emociones y sentimientos universales que nos llevan a regalar rosas, a tomar un café con trenza de Almudévar o a comprar mapas de carreteras secundarias.
"Cada instante tiene su inefable emoción" .
Día a día sentir como la primera vez.

Modelo: Adela Gomes Salvador
Fotografía: Juandelajota

domingo, 8 de mayo de 2016

Espectáculo vergonzoso y alcohol

Un pueblo cualquiera de Navarra. Sábado por la tarde. Dos equipos de regional preferente en juego. Tensión por la rivalidad de pueblos vecinos.

En el minuto 70 del encuentro la mirada se desvía del terreno de juego. Dos aficionados se golpean en la cercanía de los banquillos. Tres palabras se pronuncian, "Eres un bocazas" y un puñetazo se lanza.
Tensión dentro y fuera de la cancha. Un padre y un joven se han desatado.
El colegiado prosigue su labor marcando las normas de juego. Sin su serenidad el desconcierto habría contagiado a deportistas y aficionados. La batalla campal hubiese estado servida.


En unos minutos la policía foral se hace presente. Los cuerpos se relajan ante las posibles denuncias,de alta cuantía económica, que se imponen por estos hechos en esta comunidad. Los cuerpos, los gritos y grupos se mitigan y diluyen.

¿Cómo es posible que estas alturas no se entienda la esencia del fútbol?.

¿Cómo es posible que se siga utilizando jornada tras jornada la figura del árbitro como frontón donde lanzar la falta de autoestima?.

¿Cómo es posible que las manos agresivas puedan con la razón de la palabra?.

Existe un factor añadido a este desconcierto. Un elemento que en pocas ocasiones se saca a la luz. En instalaciones deportivas donde juegan equipos infantiles, juveniles o preferentes se vende alcohol. Su consumo está en un limbo dentro de la ley.
La fusión de la contención de problemas personales de algunos aficionados, con la pasión por la victoria, con la inhibición por el alcohol,  generan peleas que van más allá de un bofetón.
Motivos para reflexionar infinitos. Utilizar la tarde como terapia malentendida, beber alcohol en un lugar donde el deporte es protagonista,... Y lo más importante, no se puede consentir que unos niños pequeños contemplen un espectáculo vergonzoso paralelo al fútbol.
Educar significa contemplar a 22 jugadores, un árbitro dos líneas y un balón con la unica misión de disfrutar observando el trabajo en equipo.
Emocionante escuchar días antes, como un padre explicaba a sus hijos, en otro encuentro cualquiera, su visión de la jugada. Como les indicaba que el deporte no eran aquellos señores que lanzaban gritos desaforados con palabras poco amables.
                             
Existen tantas buenas y malas jugadas como  jugadores, tantas buenas y malas decisiones como  árbitros . Pero lo único que no admite discusión es que quien está noventa minutos en el césped son ellos. Solamente quien pisa la hierba sabe lo que ocurre en cada pase. Los aficionados acompañan y disfrutan opinando, ese es el objetivo, disfrutar. Los añadidos fuera de tono matan la esencia de un gran deporte. No debería consentirse.